Encontrarme a mí: un viaje hacia mi esencia a través del inconsciente, el árbol transgeneracional y la mirada de Un Curso de Milagros
A veces llegamos a un punto de nuestra vida en el que sentimos que algo no termina de encajar. No sabemos explicarlo del todo, pero aparece un cansancio profundo, una incomodidad silenciosa o la sensación de estar viviendo una vida que no se parece a la que queremos para nosotros.
Si estás leyendo esto, quizá estés en ese mismo punto.
En este artículo quiero compartirte, desde la honestidad y desde mi propia experiencia, cómo ha sido para mí el proceso de encontrarme conmigo misma. No como un concepto espiritual idealizado, sino como un viaje real, humano, lleno de sombras, descubrimientos y una profunda sensación de alivio cuando, por fin, empecé a reconocer mi propia esencia.
Ojalá estas palabras te acompañen, te den claridad o simplemente te recuerden que no estás solo en este camino. Todos, en algún momento, necesitamos volver a nosotros mismos.
Mi viaje hacia dentro
Hay momentos en los que uno se cansa. Se cansa de tirar, de sostener, de querer encajar, de vivir en automático. A mí me pasó. Y sin darme cuenta, ese agotamiento se convirtió en el primer paso hacia un viaje que nunca imaginé: el viaje hacia mí.
Nunca hubo un momento mágico ni un despertar repentino. Fue más bien una pregunta silenciosa, pero contundente:
“¿Y si no se trata de aguantar más, sino de entender qué hay debajo de todo esto?”
Esa pregunta fue la que abrió la puerta.
Cuando comprendí que no era destino, era el subconsciente
Durante mucho tiempo creí que mis miedos, mis reacciones, mis decisiones o mis repeticiones eran simplemente “mi destino” o “mi forma de ser”.
Hasta que un día me encontré con la frase de Jung:
“Hasta que no hagas consciente tu inconsciente, seguirás llamando a tu subconsciente destino.”
Y me atravesó por completo.
De repente entendí que no estaba condenada a repetir nada.
Que mucho de lo que vivía no era una condena, sino un mensaje.
Y que ese mensaje venía de un lugar profundo: mi subconsciente, que llevaba años intentando hablarme.
No era mala suerte.
No era mi destino.
Era una parte de mí pidiendo ser vista.
El árbol transgeneracional: descubrir que no todo lo que cargo es mío
Cuando empecé a mirar mi historia familiar con más detenimiento, sentí vértigo.
Descubrí que había miedos que no nacieron en mí, creencias heredadas, patrones repetidos generación tras generación, lealtades invisibles, silencios que todavía resonaban…
Comprender mi árbol transgeneracional fue una revelación.
No para buscar culpables —porque nadie lo es—, sino para entender. Para iluminar. Para abrazar.
Y entonces algo dentro de mí se aflojó.
Porque entendí que no estaba rota; simplemente estaba viviendo desde una historia que no era del todo mía.
Y que ahora podía elegir soltarla.
Un Curso de Milagros: recordar lo que siempre fui
Mientras exploraba mi historia, apareció también UCDM y fue como un regreso a casa.
No me enseñó a cambiar quién era, sino a recordar quién siempre había sido.
Me mostró que:
- el miedo no es real,
- el amor es nuestra verdadera naturaleza,
- la paz no se consigue: se recuerda,
- y que siempre podemos elegir de nuevo.
Fueron palabras que no solo leí, sino que sentí.
Me ayudaron a quitar capas, a soltar defensas, a dejar de vivir desde la lucha… y a empezar a vivir desde el Ser.
Abrazar mis miedos cambió mi vida
Durante años intenté huir de mis sombras: mi inseguridad, mi necesidad de control, mi miedo al rechazo, mis heridas antiguas…
Y cuanto más intentaba apartarlas, más me perseguían.
Hasta que un día decidí hacer algo tan sencillo y difícil como esto:
mirarlas de frente.
Y les dije:
“Vale. Os veo y os reconozco ¿Qué venís a enseñarme?”
Ahí empezó mi verdadera transformación.
Lo que no abrazas te persigue.
Lo que reprimes persiste.
Lo que huyes, te alcanza.
Pero cuando sostienes tu sombra con amor, deja de sabotearte.
Cuando reconoces tu dolor, empieza por fin a sanar.
Volver a mí cambió mi forma de vivir
Lo más bello de este proceso es que no solo cambia tu interior… cambia tu vida entera.
Empiezas a escucharte.
A ponerte en primer lugar sin culpa.
A elegir desde la coherencia y no desde el miedo.
A dejar de conformarte con vidas a medias.
A recuperar una libertad que siempre estuvo ahí esperando a que regresaras.
Y aparece esa sensación profunda, silenciosa y poderosa de estar en casa. En ti.
Con el tiempo entendí que nunca estuve perdida.
Solo estaba buscándome en lugares donde nunca había estado.
Si hoy comparto todo esto es por una sencilla razón: sé lo que se siente estar en ese lugar donde nada encaja, donde la vida pesa, donde uno teme no poder cambiar nada.
Pero también sé lo que ocurre cuando empiezas a mirarte con honestidad.
No se trata de hacerlo perfecto.
No se trata de que todo cambie en un día.
Se trata de que, por primera vez, te atrevas a volver a ti.
El proceso de encontrarnos no termina nunca.
Es un camino que se recorre despacio, con paciencia, con amor.
Y cada paso que das hacia tu verdad, por pequeño que sea, ya es una liberación.
Gracias por permitirte leer esto.
Gracias por estar en tu propio viaje.
Y gracias por recordarte, aunque sea un instante, que siempre es posible volver a ti.


